26/11/09

Los árboles no me dejan ver el bosque

Demasiado tiempo y demasiado incómodo. Pero estoy volviendo a actualizar.

Trataré de compensar con material nuevo y material antiguo, por si sirve de algo. La primera ilustración es un trabajo rechazado para un calendario de corte social, y el resto, lo que parecen, diseños de personajes para cosas conocidas y no tan conocidas. Lamento tanta ambigüedad.

Intentando recuperar ritmo y vergüenza...



Symphony of Science Project. A glorious dawn


12/07/09

Cuento de verano (IV)

Nuevamente, cerrar los ojos, sentir el tácto de las sábanas en los pies allá dónde el calor corporal no las ha templado, encontrar esa postura en la que no sientes el peso de tu cuerpo y respirar hondo para, posteriormente, adoptar un ritmo sosegado, cada vez más armonioso, fundiéndose el negro inicial con cada primera mancha de color en tu cabeza hasta acabar tomando formas definidas y ser consciente al fin, de que has dejado de estar en la cama para pasar a estar en otro sitio, igual de cerca pero igual de lejos... o eso pensaba Rutheford. A la mañana siguiente una mueca de pánico se dibujaba en su rostro, con la libreta vacía entre las manos, aún sentado en el borde de la cama. Nada. Nada de nada. Ni una imágen, ni un color, ni una idea, ni un pensamiento. Podría escribir sobre el sudor frío que recorría su espina dorsal en ese momento pero deshechó la posibilidad por peregrina.

Las muecas son divertidas, sobre todo en carnavales y fiestas de guardar, pero para Rutheford y Norrington no se trataba ni de lo uno ni de lo otro, las muecas son contagiosas tanto si transmiten risa como si transmiten miedo, y en aquella oficina aún revestida de premios, nadie se reía, las muecas son fáciles y de conciencia propia, pero también involuntarias y proféticas, y ambos caballeros reconocían el futuro en la cara del otro, las muecas son grotescas pero naturales, y aquella situación, era naturalmente grotesca. La señora Rutheford y los pequeños Paul y Joseph también reflejaban muecas en su rostro, especialmente estos dos últimos, pero sospechaba Norrington, ya que no le había hablado aún a nadie de su impotencia onírica salvo a su editor, que se trababa más bien de un asunto de dientes y de leche.
Norrington no estaba habituado al fracaso, especialmente en los negocios. Era un hombre de principios, capaz, sensato, no iba a permitir en definitiva que su mejor escritor se hundiese tras su gran éxito, así que invirtió todo lo necesario para solventar sus problemas de cama. Con sus sueños, claro, no con la señora Rutheford, la cual por cierto nunca tuvo quejas a tal respecto, pero nunca se sabe, algunas mujeres son muy abnegadas. Contrató los servicios de psicólogos, hipnólogos prestigiosos, profesionales que pudieran aportar su granito de arena en la contención de un dique que urgía piedras de alto tonelaje y que, además, estaba seco.

Cualquier esfuerzo fue inútil, James W. Rutheford ni escribía, ni soñaba. De qué iba a alardear ahora... y de qué iba a vivir. Hastiado, se despidió de su mujer y de los pequeños y se retiró al campo, a la casa de su tía abuela Eleonore, señora con mayúsculas y de un gusto exquisito en el vestir, dueña también de una de las mayores colecciones de tazas de té del país y aficionada a las carreras de caballos. Quedó viuda hace años, años que agudizaron su descaro, sus modales y sus ideas. Desgraciadamente ella también estaba muerta. La casa se encontraba vacía y cubierta por completo de sábanas blancas, de las cortinas a los sofás, de las camas a las alfombras, si una lámpara de pie se aventurase sola por uno de sus corredores, creería presenciar entre brumas una santa compaña de sillones, sillas y mesas camilla venidas del averno, una de las visiones más terroríficas a las que un mueble podría someterse sin perder la cordura.

Flake Music. Spanway Hits



09/07/09

Cuento de verano (III)


La mañana siguiente fue un hervidero de ideas, casi había olvidado lo que suponía escribir tan solo para organizar y las palabras se le caían de los dedos, el teclear de su máquina era banda sonora que acompañaba cada escena en su cabeza y al finalizar la jornada, pensó que tal vez al día siguiente tendría agujetas en los dedos, si eso era posible. Aún a sabiendas de que dormido es bastante dificil tomar notas, dejó Rutheford sobre su mesilla de noche una libreta y un lapicero, mitad precacución, mitad oración. Sabía pese a todo que, al despertar, debía apresurarse a anotar los detalles más importantes, ya que pasados unos minutos tan solo quedaría en su cabeza una estructura general y una hora después, a efectos prácticos, sería como si nunca hubiese soñado.

Su idea no pudo funcionar mejor y por el estudio cabalgaban caballeros, estallaban los obuses a la linde de las trincheras y una pareja de enamorados se prometía su primer beso. De cada esquina de la habitación brotaban bosques y desiertos, palacios en las dunas y mazmorras excavadas en la roca. Rutheford estaba tan absorto que dejó de pensar en pensar. Como es comprensible, desde fuera, la señora Rutheford tan solo observaba a su bienamado gesticulando y hablando solo, serán los gajes de haberse casado con un artista, pensaba mientras acunaba al pequeño Joseph. Personita que, por cierto, también gesticulaba y hablaba sola, no sabía si por artista o por bebé, tal vez un poco de ambas.

En pocas semanas todos sus sueños se habían hecho realidad, figurada, literal y literariamente hablando. Tomó Rutheford todas sus oníricas quimeras, desde las más insignificantes hasta las más laboriosas, y compuso con ellas su mejor trabajo. Norrington, su editor, que exageraba más que hablaba y hablaba mucho más de lo que callaba, se apresuró a vaticinar los mayores éxitos de ventas para su editorial y como no, para su escritor. Y no se equivocó, las librerías abarrotadas dieron paso a estanterías vacías pendientes de reposición y Norrington firmó igual número de libros, que de ganancias. La vida le sonreía y podía volver a alardear de lo que mejor sabía hacer cuando no dormía, escribir. Ni que decir tiene que la señora Rutheford y los pequeños Paul y Joseph se encontraban igual de satisfechos, por su marido, por su padre, por su nuevo abrigo de piel y por el nuevo tren eléctrico que recorría sus habitaciones, con paso a nivel incluído y con un pequeño silvato que Paul se negaba a utilizar por encontrarse peremne en la boca de Joseph.

Rutheford continuó viviendo su sueño y de su sueño, hasta que el tiempo hizo también su trabajo y la realidad, disfrazada de señor Norrington, le obligó a plantearse un nuevo horizonte. Decidido, se sentó de nuevo ante su máquina, respiró hondo, arqueó la comisura derecha de su labio, alzó la vista y dejó galopar sus dedos. Pero sus dedos iban al paso, siquiera al trote. Usó sus espuelas en forma de cama y pijama y procedió convencido a tomar nuevas ideas de sí mismo. Cabe reseñar, como no, que desde su anterior éxito, había dejado esta faceta suya ligeramente trasnochada. Colocó en la mesilla su libreta y su lapicero, convencido de que a la mañana siguiente tendría un adelanto para su nuevo trabajo.

Maga. Medusa



07/07/09

Cuento de verano (II)



Había algo que al señor Rutheford se le daba tan bien como escribir, al menos cuando las circunstancias permitían comparar ambas aptitudes, era dormir. Y es remarcable tal cualidad porque no todo el mundo es capaz de dormir correctamente. Por no presumir, callaba, pero podría alardear si quisiera de conciliar el sueño bajo cualquier impedimento con unas garantías de placidez tales, que solo el rincón más silencioso y la cama más cómoda serían capaces de otorgar. Era una faceta que mantenía en relativa privacidad, ya que Rutheford era no solo modesto sino inteligente y consideraba que, de alardear, mejor hacerlo de algo considerado más encomiable. Alardeaba de escribir. Ya no, claro.

Tan lentos como pasaban los días, rápidas pasaban las noches. No era necesaria excesiva concentración, quizás solo respondía a un cúmulo de sensaciones como recorrer bajo la sábana los pies de la cama con los propios, recibiendo el frío del colchón para enseguida templarse o abrazar la almohada por su parte inferior con la seguridad de sentirse protegido bajo la manta. Prefería no detenerse a pensar, tratándose de dormir, Rutheford era un hombre de acción.

Se trataba de un proceso casi iniciático, cerrar los ojos para poder mantenerlos abiertos. Abiertos, sí, porque cuando sueñas, ves. Y tal vez sea esa la cuestión más importante de esta historia. Cuando Rutheford soñaba, hacía realidad sin saberlo todo aquello que ahora se le negaba ante su escritorio, los viajes más maravillosos y los personajes más estrambóticos, los heroes más heróicos y los villanos más viles, las doncellas más seductoras y las más castas, los ejércitos más valerosos y los más cobardes, los asesinos más crueles y los detectives más sagaces, las historias que, en definitiva, dormía en deseos de contar, pero no podía. Tales ensoñaciones no eran algo nuevo y consideró desde siempre mientras estaba despierto, darle poca importancia a sus sueños; para él no eran más que versiones adulteradas de sus grandes éxitos editoriales con cierta dosis de irrealidad. Y además casi siempre se le olvidaban.

De natural tranquilo y dado a restar dramatismo a sus problemas, tal vez por eso algunos de sus personajes lo pasaban tan mal, la preocupación comenzó a hacer mella en Rutheford y se planteó, con aconfesa desesperación, prestar atención a sus novelescas visiones para variar. Él era un hombre íntegro y no gustaba de recibir para sí más influencias de las necesarias, pero al fin y al cabo, sus sueños, seguían siendo él.

Maximo Park. Books From Boxes



06/07/09

Cuento de verano (I)


El Escritor de Sueños

James W. Rutheford era escritor. Tal hecho en sí no sería ningún inconveniente de no ser porque James W. Rutherford no podía escribir, y dado que su profesión era la de escritor, representaba para él un problema bastante serio.

También era un problema para su editor, Kentworth Norrington, principalmente porque los editores tienden a editar, pero sin escritores que escriban, el proceso de edición se vuelve harto complicado. No era el único escritor en su nómina, pero sí era el mejor.

Siguiendo una cadena lógica de razonamientos, la señora Rutheford y los pequeños Paul y Joseph, tampoco disfrutaban de una situación halagüeña y a consecuencia de todo esto, los días de Rutheford discurrían siguiendo un patrón que, irónicamente, parecía escrito.

Sentado ante su máquina de escribir con su impetuoso ceño fruncido al alba y la mirada perdida al atardecer, pasaban las horas una detrás de otra con mucho más ritmo del que él era capaz de imprimir a sus ideas, provocándole sana envidia al principio y profundo resentimiento después.

Continúa en unos días...

Arcade Fire. Power Out



23/06/09

Backgrounds

Trabajo de fondos para un proyecto conjunto de integración de vehículos en 3D, verde aún pero en desarrollo, pronto habrá resultados (o eso creemos). Las fotografías originales las encontré por la red y las ciudades están pintadas a partir de edificios de la ciudad de Singapur, que me parece que es uno de los referentes clave para ciudades de ciencia ficción, al paso que van xD La integración es demasiado pictórica en relación a los fondos pero esperamos compensarlo con el render final, más tirando a modelo 2D que realista... En cuanto esté prometo un desarrollo pormenorizado del proceso así como de los diseños del vehículo. Es la primera vez que hago algo así, así que espero ir mejorando con los próximos.

Morrissey. Jack the Ripper



18/06/09

Spaceship Bear

Días ajetreados en muchos campos, siento el bajo ritmo de actualizaciones...

Ya que paso por aquí dejo este pequeño estudio de ambiente, por cierto que la referencia de la nave la encontré por google y no se a quién pertenece, pero mis créditos para él. (Edito para informar de que se trata del Imperial Navy Arbus de Warhammer, thanks, Logwad) Aunque sobre todo quiero aprovechar esta entrada para agradecer a la gente de Pasa la Vida y Concept Ships, dos blog alucinantes en todos los sentidos, por las reseñas que me han dedicado estos días atrás. Esta clase de cosas siempre son una alegría y uno nunca cree que se las merezca, así que de nuevo, gracias. Os recomiendo que les echéis un vistazo porque la cantidad de material e información que tienen es pasmosa.

Y por si a alguien le hace tanta ilusión como a mi, aquí están las reseñas, aunque no hay nada nuevo que no hayáis visto por aquí ya xD


Gracias a todos por vuestra paciencia! Sonando ahora...

Kent. Dom Som Försvann




02/06/09

Matryoshka 2.0

Después de un fin de semana intenso por el salón del cómic de Barcelona y de un par de semanas previas AGOTADORAS con muy poco sueño y demasiado café preparando el material, de nuevo en casa vuelvo a dar señales de vida... sin contar mucho esta vez, os dejo (pese a que muchos la conozcan ya) la que ha sido y sigue siendo portada del dossier del proyecto que me gustaría sacar adelante si hay suerte y alguna editorial patria o extranjera se presta.

El grafismo general ha dado un vuelco importante y bastante arriesgado pero creo que es una decisión que merece la pena... Ya iré desgranando más cosas poco a poco. Un abrazo a todos!

Niños Mutantes. Te favorece tanto estar callada



12/05/09

Matryoshka Cartoon

Sólo unos diseños para divertirme un poco, son tan monos cuando se vuelven cabezones... Ánimo que ya casi es viernes.

The Decemberists. Sixteen Military Wives



07/05/09

Sake

Vuelvo con uno de mis temas recurrentes, uno de esos temas que ocupan mi tiempo entre tiempos y que se formalizan mucho mejor de lo que desearía en mi cabeza que sobre el papel. Es un asunto que he dejado caer varias veces por el blog (sirva de ejemplo esta entrada, esta otra, y esta de aquí) y que va tomando forma por si solo sin que pueda hacer nada por evitarlo, yo únicamente dejé rodar una bola de nieve hace dos años desde lo alto y si aún la sigo viendo caer es por lo grande que se va haciendo por el camino, así que esta ilustracion podría considerarse como una pequeña válvula para liberar la presión de las ideas, que a veces se amontonan más de lo normal.

He aprovechado para desarrollar varios conceptos, algunos se ven claramente y otros sólo los veo yo, entre los obvios, un fragmento de la metrópolis que os enseño en grande porque con el resultado final se pierden algunos detalles. Es uno de mis primeros trabajos de fondos un poco más elaborados de lo normal... no seáis crueles.

Qué diablos, sedlo, que si no no aprendo.


Y después de un tiempo pensándomelo con la mirada vacía repasando mi tracklist mental, porque es algo que no se me había ocurrido pensar aún (sigamos añadiendo a la lista), termino con algo que ambiente un poco las imágenes, me decido por Skygazer de Klimt 1918, no sólo por ser uno de mis grupos favoritos sino porque pienso que su música encaja bastante bien con las ideas ambiguas que tengo sobre este universo pre-apocalíptico. De hecho, cuando los descubrí allá por Dopoguerra, su Sleepwalk in Rome marcó bastante la concepción del mismo. Y además me encanta el título del disco, Just in case we'll never meet again.

Por cierto, gracias a todos los que os pasáis de vez en cuando para animar esto, se que no os lo digo tanto como debería ni con los ojos suficientemente llorosos, pero ser un tío duro es lo que tiene.

Klimt 1918. Skygazer